Nota del editor: El siguiente artículo fue publicado originalmente por La Talacha el 10 de abril de 2026.
La historia de Marta
Marta Salazar tiene más de 65 años y es originaria del estado de Morelos. Al igual que millones de mexicanos, emigró a Estados Unidos en busca de una oportunidad para mantener a su familia.
Durante más de 25 años, trabajó limpiando casas, cuidando niños y realizando todo tipo de labores domésticas. Gracias a su trabajo, mantuvo a su familia y envió remesas a México durante décadas. Hoy, tras toda una vida de trabajo, Marta se enfrenta a una realidad que comparten miles de trabajadores migrantes: no tiene pensión, ni ahorros, y su salud se ha deteriorado.
Hace unos años, Marta sufrió un accidente laboral que le cambió la vida. Desde entonces, trabajar se ha vuelto cada vez más difícil. El alquiler, la comida y los gastos médicos se acumulan, mientras que las oportunidades laborales disminuyen con la edad. “No puedo esperar más; mi situación económica y mi salud son críticas”, dice Marta.
Cuando escuchó que el gobierno mexicano lanzaría el Pensión Bienestar para Mujeres para mujeres de entre 60 y 64 años, se alegró por quienes pudieran beneficiarse. Pero enseguida se preguntó —y muchas otras personas comparten ahora esta pregunta—: “¿Y qué hay de nosotras?”.
Migración y envejecimiento sin protección
Miles de ancianos mexicanos que trabajaron durante décadas en Estados Unidos —muchos como jornaleros, empleados domésticos, cuidadores o en la construcción— no tienen derecho a pensión ni en México ni en Estados Unidos. Muchos viven ahora en la pobreza extrema, enfrentando enfermedades, discapacidades o la incapacidad física para seguir trabajando.
“Es triste”, dice Marta. “Dimos nuestros mejores años en trabajos que no ofrecían pensiones ni oportunidades de ahorro”.
Según el Banco de México, los migrantes mexicanos enviaron más de 63 billones de dólares en remesas en 2023, una figura histórica que ha sido un pilar fundamental para millones de familias y comunidades en México. Sin embargo, quienes sostuvieron este flujo económico durante décadas ahora enfrentan la vejez sin protección social.
La pensión Bienestar y la exclusión
Hace poco más de un año, durante una conferencia de prensa matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que su gobierno estaba “revisando el tema” de extender la pensión a los mexicanos que viven en el extranjero.
El Pensión Bienestar para personas mayores es un programa universal del gobierno mexicano para personas de 65 años o más. En 2026, proporcionaron 6,400 pesos cada dos meses directamente a través del Banco del Bienestar, sin intermediarios. Para registrarse se requiere identificación oficial, CURP, acta de nacimiento y comprobante de domicilio.
Este apoyo es reconocido como un derecho constitucional diseñado para garantizar una vejez digna. Sin embargo, miles de mexicanos que envejecieron trabajando en Estados Unidos aún no tienen acceso a este derecho.
La urgencia de actuar
La presidenta se ha referido repetidamente a los mexicanos que viven en Estados Unidos como “héroes” por sus contribuciones económicas y sociales. Para Marta y miles de trabajadores migrantes, esas palabras deben convertirse en acción “El derecho a la pensión Bienestar, reconocido en nuestra Constitución, debe llegar también a quienes envejecimos trabajando en el extranjero.”
Las organizaciones de migrantes y los grupos de defensa de los derechos de las personas mayores están exigiendo que 2026 sea el año en que termine la exclusión de esta comunidad, reconociendo su papel fundamental en la economía mexicana. A pesar de haber migrado por necesidad, siguen siendo ciudadanos mexicanos de pleno derecho.
El estado mexicano tiene la obligación de garantizar una vejez digna. Esto no es solo una cuestión de justicia económica, sino también el reconocimiento de toda una vida de trabajo, sacrificio y contribución.
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