Delaney Hall y la guerra contra los inmigrantes
Nota del editor: El siguiente artículo fue publicado originalmente por Jorge Torres de La Talacha el 9 de julio de 2026. Jorge Torres es director nacional de organización de la Red Nacional de Organización de Jornaleros (NDLON por sus siglas en inglés), fundador de Resistencia en Acción NJ y miembro de la coalición ICE Out of NJ.
Los almacenes de sufrimiento humano nos rodean. Son prisiones inmundas e inhumanas donde se oculta y se maltrata brutalmente a los inmigrantes. Depende de nosotros seguir presionando para acabar con estos campos de concentración modernos; para exponerlos, vaciarlos y derribarlos.
Durante meses, los habitantes de Nueva Jersey nos hemos movilizado para defender a nuestros hermanos y hermanas recluidos en Delaney Hall, en Newark. Muchos de ellos mantienen una huelga de hambre y de trabajo para protestar contra las condiciones inhumanas del interior —la comida en mal estado, la falta de atención médica, el abuso físico y la angustia mental— y contra la injusticia misma de su detención. Exigen su libertad.
Delaney Hall es solo una parte de una red nacional de abusos contra los inmigrantes. No se trata de hacer cumplir las leyes de inmigración, sino de una operación paramilitar destinada a atacar y encarcelar a inmigrantes y personas de color, manteniéndolos en condiciones inhumanas y sin posibilidad de libertad hasta que renuncien a sus derechos y acepten la deportación. En prisiones de todo el país —como Adelanto, Dilley, Krome, Otay Mesa, Hutto y otras—, empresas contratistas como GEO Group se lucran con el aislamiento, la enfermedad y la muerte de seres humanos. La administración Trump suministra a las personas, y el Congreso inyecta miles de millones de dólares más para alimentar este sistema obsceno y corrupto.
En este momento, hay mucho que podemos y debemos hacer para apoyar a las personas que sufren y protestan tras esos muros. Algunos luchadores valientes ya han sido liberados, pero la lucha continúa. Debemos trabajar unidos para mantener la presión sobre la administración y lograr que se atiendan sus demandas de derechos humanos, debido proceso y libertad, comenzando por la liberación de los más vulnerables: ancianos, jóvenes, embarazadas y enfermos.
Como mínimo, debemos dar testimonio. El colectivo ICE Out of New Jersey ha reunido a diversas organizaciones comunitarias y de base, tanto estatales como locales, para situarse en primera línea en defensa de los inmigrantes, así como para denunciar y resistir los abusos de la administración. Los grupos son el Programa de Derechos de los Inmigrantes de Nueva Jersey del American Friends Service Committee, CATA (Comité de Apoyo a los Trabajadores Agrícolas), Cosecha NJ, DIRE (Equipo de Respuesta a Deportaciones e Inmigración), El Pueblo Unido, Estamos Unidos NJ, la Red Nacional de Organización de Jornaleros (NDLON), Resistencia en Acción NJ y Semilla Roja NJ.
Asimismo, Eyes on ICE está construyendo una red de vigilancia atenta y ayuda mutua. Miembros de la comunidad, funcionarios electos, líderes religiosos, estudiantes, sindicatos… nos necesitamos a todos, en todo el país. Para demostrar que podemos ser diferentes. No debemos mirar hacia otro lado. Y no debemos detenernos.
El presidente Trump y quienes ejecutan su campaña de supremacía blanca, basada en el encarcelamiento y las deportaciones masivas, quieren que sintamos miedo e impotencia. La policía —como los agentes estatales de Nueva Jersey que atacaron a manifestantes pacíficos en Delaney Hall— quiere intimidarnos. Debemos trabajar juntos para cambiar esta narrativa en todos los niveles: desde el gobernador y los representantes estatales y federales hasta los alcaldes y los líderes comunitarios de base.
Cuando decimos “sin justicia no hay paz”, lo decimos en serio. No sentimos miedo ni impotencia. Y no somos extraños. Somos seres humanos, igual que quienes están tras esos muros.
Nuestra libertad aquí fuera está ligada a la libertad de ellos allá dentro. Debemos luchar por la liberación de todos. Un ataque contra uno es un ataque contra todos nosotros.
Debemos ser testigos cuando se nos ordene marcharnos y se nos diga que no hay nada que ver. Incluso cuando los agentes de ICE y de la policía estatal nos golpean, nos pisotean y nos rocían con gas pimienta en nombre de “mantener la paz”.
Debemos seguir diciendo que no: ni ahora, ni nunca, jamás. No debemos permitir que la administración Trump y sus aliados estatales y locales sigan abusando de su poder y utilizando nuestro dinero para cometer atrocidades morales en secreto.
Nosotros, el pueblo, debemos aferrarnos a nuestra humanidad y rechazar su barbarie.
El objetivo principal de la administración es deshumanizar a los inmigrantes. Pero, a pesar de toda su violencia, han fracasado. Los hombres y mujeres tras las rejas de las cárceles para inmigrantes, como Delaney Hall, se niegan a ser deshumanizados. Quienes participan en huelgas de hambre y laborales están reivindicando su dignidad humana, algo que jamás podrá ser borrado. Quienes estamos fuera debemos seguir luchando y organizándonos para defender a los inmigrantes encarcelados y apoyar a sus familias. Debemos mantener la presión, durante el tiempo que sea necesario y con toda la fuerza de la que dispongamos.
No debemos permitir que su inhumanidad nos deshumanice.
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